Francisco Letelier Troncoso

Sociólogo, ONG SURMAULE – CEUT

Desde niños hemos escuchado el refrán “ver para creer”. Su estatus es similar a “Juan Segura vivió muchos años”, “mejor pájaro en mano que cien volando” o al lamentable (según mi opinión) “a caballo regalado no se le miran los dientes”. Todos son un llamado a ser precavidos, no confiarse, no confiar, asegurarse, conformarse. Al mismo tiempo implican pasividad, esperar, no atreverse, quedarse seguro en el lugar donde uno está. “Ver para creer” tiene particular fuerza en este último sentido y desde él quiero hacer una analogía con el ciclo político que termina y sus prácticas.

Aplicado a la práctica política este refrán nos lleva a actuar como espectadores. Para movilizarme es necesario convencerme, venir a buscarme… yo no me muevo de mi asiento si otro no me muestra que vale la pena. Solo si las cosas suceden, solo si yo veo que se producen los cambios, solo si aquello que “nunca pasará” llega a pasar, entonces y solo entonces, yo podría creer y moverme. Una conversación típica al respecto podría ser:

-          “oye, dicen que esos están peleando por mejorar los salarios”

-          “¡ya oh!, espérate sentadito. El día que tenga la platita en mi bolsillo lo voy a creer”

De este modo “ver para creer” implica no hacer nada para que las cosas cambien, pero a la vez, esperar con cierta incredulidad (y holgazanería) que algo suceda.  Si pasa, bien. Si no pasa “yo lo sabía”.

Esta forma de ver las cosas construye un círculo vicioso que opera de la siguiente manera: COMO YO NO CREO – YO NO HAGO NADA – COMO NADA HAGO, NADA PASA – COMO NADA PASA YO NO CREO y así  hasta que terminamos convertidos en una cultura que concibe que la vida tiene lugar por obra y gracia de una ley natural o a una mano invisible que ordena todo fuera de nuestro control y voluntad. Algunos llaman a esto naturalizar lo social. Las cosas son así y así serán siempre: “oiga si con cualquier gobierno hay que trabajar”.

El movimiento social de 2011 – 2012, con todos sus actores y temas (educación, medio ambiente, desarrollo regional, entre muchos otros), puso en cuestión este refrán. Lo que nos mostraron particularmente los estudiantes es que “el creer” está antes del ver y eso cambió todo: si yo quiero ver algún día una educación pública, gratuita y de calidad; si yo quiero ver mi territorio libre de contaminación y resguardos sus recursos naturales; si quiero ver mi región progresando y tomando decisiones por si misma,  entonces, debo creer, creer que es posible y por lo tanto actuar.

Juan segura vivió muchos años, pero tal vez murió triste y arrepentido de no haber luchado por un sueño. Podemos conformarnos con tener un pájaro en la mano, mientras que otros tienen mil y van por más. Podemos aceptar todo resignadamente como regalos, cuando en realidad se trata de nuestros derechos. En fin, podemos ver para creer, o podemos creer hoy para poder ver mañana un Chile mejor.

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